Los pactos con el diablo son una putada, es lo que tienen. Apenas cerró el trato, Pisa, que así la bautizaron aquellos que acariciaron con desconcierto su rígida pero inclinada espalda, se dio cuenta de que no se había mencionado el precio. Este detalle, sin embargo, quedó inmediatamente eclipsado al sentir como una orgásmica corriente mentolada le recorría la sangre.
En el barrio no se hablaba de otra cosa. ¡Qué guapa vas hoy niña! – le gritaban las vecinas envidiosas desde los balcones. ¿Pero tú has visto como se ha puesto esa chiquilla? – babeaban en el bar. Desde que intima con un tal “Libertad” se la ve estupenda – comentaba quien la conocía.
En su alegría, Pisa no reparó en que sus pies se apresuraban prestos a mantener cualquier distancia de seguridad pertinente. Olvidó que Satán, como buen banquero, volvería algún día a reclamar su inversión con intereses.
¿Por qué corres en dirección contraria, Pisa? – le preguntaron sus enamorados.
¿Perdón? – exclamó ella.
¿De que huyes? – le insistieron.
La profunda falla que la muchacha llevaba oculta quedó al descubierto.
¿Será ésta la prenda a pagar? – se cuestionó la torre mujer.
¡Dilo, Pisa, dilo! – le suplicaron.
¿Pero el qué? – contestó.
¡Te echo de menos! – le susurraron.
¡No, eso no, no me pidan eso, no puedo! – respondió la libre Pisa.

Discúlpeme usted, no pude llamar para reservar mesa. Debería explicarle lo de mi teléfono o mejor lo de mi cabeza. Ya sé, ya sé, esto siempre está full of people y sobre todo un domingo pero conozco al Chine, podría avisarle un momentito, querría decirle...
ResponderEliminar¡Jodido Chef!
Enterado quedo!!!!
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