Aquella noche di las gracias por contar con dos hemisferios terrenales, conocidos delincuentes habituales, y aunque poco inteligentes como todos los chorizos de poca monta, sí muy bien organizados para la consecución de un mismo objetivo. En el lugar de los hechos, el más guaperas, luciendo una arreglada barba de pocos días, tendencia entre los más deseables de hollywood, parloteaba acordes de séptima dominante, pura teatralidad, que distrajera la atención de su víctima. Ésta quedó pensativa por un instante que simuló una eternidad. El cómplice aprovechó el momento que tanto ansiaba para delinquir, en una primera y certera acción, sin atisbo de duda. Al regresar la muchacha en sí, el charlatán entró de nuevo en escena balbuceando idioteces sobre las pseudo-obras de Óscar Domínguez ofrecidas entre jamón ibérico, queso asado y vino de crianza en aquella tasca. Alias “el Chine” no tiene ni puñetera idea de arte, la bofia ya cansada de arrestarlo lo sabe bien, pero sí posee un extenso abanico de triquiñuelas preparadas para embobar y – zás – lo consiguió; desvió la mirada de la incauta por segunda vez. ¡Genial campeón!, gritó “el compare”, sigiloso quinqui donde los haya, quien saltó a la arena a matar, ávido de sangre menstrual.
¡Se hicieron con el botín! – relataba la presentadora del informativo - al parecer se trata de una visión entrecortada de escasos segundos, pero de incalculable valor, de dos perlas finísimas, sofisticadas y discretamente engarzadas en un elegante escote de blanca piel. Si bien solía guardarse celosamente - continuó explicando - esa noche quedó descuidada tras una camisa estratégicamente desabotonada un pelín más de lo justo.
¡Qué cabrones! – vociferé.

Pido a la carta o por recomendación del chef: Atisbos de locura sazonados con humor. Delicioso. Volveré a por el menú degustación. ¿Hasta qué hora abren?
ResponderEliminarEncantado de su visita. Permítame explicarle que el plato que ha saboreado es de delicada elaboración, pues no resultaría difícil pasarse con el punto de sal humorada o con el tiempo de cocción de la locura.
ResponderEliminarEstaré complacido, la próxima vez, no sólo de ofrecerle un delicioso menú, sino también una estupenda degustación.
Para pacientes tan ilustres como usted, no tendré ningún problema en abrir la cocina justo en las horas que su Hotel Psiquiátrico le permita salir de paseo.